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No desees el mal, porque cada pensamiento regresa a golpearte. La vida es un espejo que devuelve lo que proyectas; desear el mal a otros, por rabia, por orgullo o por dolor, no limpiará tus heridas, solo las profundizará. Las palabras que dices, las intenciones y pensamientos tienen una energía como el boomerang, siempre vuelve y cuando regresa muchas veces lo hacen con más fuerza. Así que no te rebajes al nivel de quien te hirió, ni alimentes tu mente con oscuridad, porque el verdadero poder está en elegir el bien, incluso con el corazón herido priorizando así tu paz.