Me pongo en el lugar del otro hasta cuando me están haciendo daño a mí. Y aunque esa sensibilidad habla bien de mi corazón, también me recuerda que no siempre es justo cargar con emociones que no me pertenecen. Llego a comprender las razones, las historias y las posibles heridas ajenas, incluso cuando sus actos me lastiman, pero eso no significa que deba permitirla, porque hay un punto donde mi empatía tiene límites, un punto donde reconozco que mi bienestar también importa. Puedo entender al otro sin justificar lo que me hiere, puedo mostrar compasión sin sacrificarme. Porque finalmente, cuidarme también es un acto de amor y aprender a tomar distancia hace parte de crecer.
ME PONGO EN EL LUGAR DEL OTRO HASTA CUANDO ME ESTÁN HACIENDO DAÑO A MÍ
52