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Los sentimientos no se pueden frenar, ni callar, menos escoger. Llegan sin permiso, se instalan sin avisar y a veces nos desbordan sin explicación. No podemos decidir a quién amar, qué olvidar o qué dejar de sentir, porque el corazón tiene su propio lenguaje y no siempre sigue la lógica ni obedece a la razón. Pero sentir no es debilidad, es parte de ser humano, lo importante no es reprimir lo que sentimos, sino aprender a reconocerlo, a escucharlo para saber donde y a quien demostrarlo.