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Lo que para el ego es una catástrofe para el alma es una lección. El ego se aferra a la imagen, al control y a lo que creer perder, el alma por otro lado comprende que cada caída trae un aprendizaje necesario. Aquello que hiere el orgullo suele abrir espacios de humanidad, conciencia y crecimiento interior. Cuando el ego se quiebra, el alma se fortalece, porque en ese proceso se aprende a soltar a mirar con más honestidad y a avanzar con una sabiduría que sólo nace después de haber atravesado lo que dolió.