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La tristeza, aunque esté justificada muchas veces es sólo pereza. Nada necesita menos esfuerzo que estar triste. No porque el dolor no sea real, sino porque quedarse ahí parece más sencillo que levantarse y volver a intentarlo. Estar triste es dejar que el peso del desánimo te abrace y te consuma, en cambio sanar, aprender y seguir adelante exige valor, disciplina y confianza. Hay que permitirse estar triste, pero también tener la fuerza para levantarse más sabio y más fuerte.