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La oración es oxígeno para el alma y alivio para el corazón. Es un momento sagrado en que la calma disuelve las preocupaciones y en donde hallamos fuerza en medio de la adversidad, es un espacio donde conectamos con lo divino renovando así nuestro espíritu y encontrando una luz incluso en los días más oscuros. En la oración abrimos el corazón para sentir alivio y entender que no estamos solos, que hay una fuente de amor y apoyo incondicional a la cual recurrir.