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La felicidad propia no se construye sobre el dolor ajeno, porque nada verdadero puede florecer donde se ha herido a otro. La verdadera alegría nace del respeto, de la empatía y la paz con uno mismo y los demás. Quien necesita lastimar para sentirse bien, es un ser ruin, egoísta y egocéntrico que lo que menos le importa es como se sientan quienes, lo único importante es su bienestar. Ningún triunfo es noble si a su paso quedan corazones rotos.