Hay una paz inexplicable al desvincularse de personas y situaciones que te desgastan. Algunas despedidas no necesitan palabras; basta reconocer que tu tranquilidad vale más que cualquier vínculo que te obligue a vivir en constante tensión. Alejarte no te convierte en una persona fría e indiferente; simplemente estás aprendiendo a cuidar de ti y a poner límites donde antes solo había paciencia. Cuando finalmente eliges la calma, te das cuenta de cuánto espacio ocupaba en tu vida aquello que te dañaba y empiezas a bajar la ansiedad, recuperas tu tiempo, tienes la libertad de ser tú, vuelve tu espontaneidad, ya no te da miedo pensar y opinar según tu criterio, vuelves a escucharte y a disfrutar de una tranquilidad que ya habías olvidado que merecías.
HAY UNA PAZ INEXPLICBLE AL DESVINCULARSE DE PERSONAS Y SITUACIONES QUE TE DESGASTAN
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