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Hay que aprender a dejar ir lo que nos dejó ir. No es justo aferrarse a personas, recuerdos, lugares o historias que ya cumplieron su ciclo tratando de encontrar una mínima razón para quedarnos. Lo mejor es aceptar que ya terminó, que no todo lo que perdemos necesita ser recuperado ni que lo que se aleja merece que lo persigamos. Es cierto que hay despedidas que duelen, pero también abren espacio al cambio, a nuevas oportunidades que nos llevan a recuperar la tranquilidad y a reencontrarnos con nosotros mismos. Entonces agradece lo que fue y continúa con tu corazón en paz.