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El verdadero problema es que hay demasiada gente que se queja de lo que ellos mismos hacen. Reclaman deslealtades, pero son los primeros en traicionar, además critican la mentira, pero no dejan de disfrazar la verdad cuando les conviene. Se quejan por la falta de respeto, pero no miden sus actos mucho menos sus palabras. Señalan los errores de los demás sin tener en valor de reconocer los propios. Es fácil hablar de lo que está mal cuando se se hace una verdadera autocritica; el cambio empieza por uno mismo, pero muchos solo se atreven a señalar, sin mirar lo que llevan dentro.