302
El primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo. Con demasiada frecuencia, renunciamos a nuestras aspiraciones porque ya no nos queda lugar para luchar por ellas. La rutina nos somete y todas las responsabilidades nos alejan de esos anhelos que nos podrían aportar más felicidad. Cuando solo tenemos tiempo para sobrevivir, empezamos a olvidarnos de nuestros verdaderos deseos.