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Duele menos una despedida que sentirse miserable día tras día, en una supuesta compañía que no acompaña, que no suma y que sólo desgasta. Es mejor soltar, alejarse de ese lugar donde el alma se siente sola, ignorada o apagada; soltar lo que duele para abrirle espacio a la paz interior. Porque al estar en soledad por un tiempo puedes sanar, mientras que sentirse miserable a lado de quien te acompaña, poco a poco acaba con el amor propio y termina matando cualquier leve esperanza.