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Dios te bendice y hace de ti una bendición. Te llena de luz para que ilumines los caminos de otros, te llena de fuerzas en las pruebas para que tu vida sirva de ejemplo de fe y esperanza. No sólo derrama gracia sobre ti, sino que convierte tu existencia en un puente para que la alegría y la bondad se contagien a través de ti. Cuando Dios toca tu vida, te transforma y de paso la de muchos más.