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Aquel que sabe estar solo, nunca es prisionero de la compañía, porque ha aprendido a disfrutar de sí mismo, encuentra paz en el silencio y no necesita que le rodeen para sentir que vale, ni busca compañía por miedo al vacío. Tiene la certeza de que estar con alguien debe ser una elección, no una necesidad, así que no será esclavo de vínculos que no nutren, ni permanecerá donde apagan su luz, porque sabe que su tranquilidad no depende de otros sino de su propio equilibrio interior.