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Antes de ser un gran líder hay que ser un gran ser humano. El liderazgo no se trata sólo de títulos o poder, sino de valores, empatía y coherencia, porque un líder inspira con su manera de ser, actuar, en la manera que tiene de escuchar a quienes le rodean. No basta con dirigir, hay que saber conectar; no basta con dar órdenes, hay que saber dar ejemplo. Y eso se logra cuando hay humanidad detrás del rol, cuando la compasión, sensibilidad, ética y respeto están presentes en quien está ejerciendo un liderazgo.