Algunas personas dejan de estar a nuestro lado, pero nunca dejan de formar parte de nuestra historia. Hay caminos que con el paso del tiempo toman direcciones distintas, las conversaciones comienzan a escasear y la distancia puede convertirse en parte de la vida. Sin embargo, hay presencias que permanecen en un recuerdo, una enseñanza, un lugar, una canción o incluso en una parte nuestra que cambió después de haberles conocido. No todas las personas llegan para quedarse; algunas permanecen por un tiempo determinado, dejando una huella profunda para luego continuar camino, y eso no hace menos importante lo vivido. Hay vínculos cuyo valor no depende de cuánto duraron, sino de todo lo que despertaron en nuestro corazón; por eso, aunque ciertas personas ya no formen parte de nuestro presente, merecen un espacio de nuestra memoria.