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Y qué es el amor si no cuidar la fragilidad de otro como si fuera propia. Es saber que detrás de un silencio hay una posible herida, que no todas las lágrimas necesitan explicaciones y que algunas veces basta con quedarse cerca. Amar es tener el tacto con aquello que otro nos ha confiado, respetando sus temores, su historia y acompañar en esos días complicados y no utilizar sus debilidades para lastimarle. Porque el amor verdadero no convierte la vulnerabilidad en motivos para juzgar ni señalar, sino en una razón más para proteger, comprender y permanecer.