Incluso una persona tan aferrada a la nostalgia como yo puede llegar a dejar ir a las personas y no volverlas a buscar nunca más. Hay recuerdos que llevaré conmigo, pero también llega el momento en que comprendo que no todo lo que amo está destinado a quedarse. Ya no quiero buscar a quienes decidieron continuar sin mí; no deseo seguir prolongando una historia que ya terminó, aunque me cueste aceptarlo. No hay orgullo en mi decisión, solo aprendí que mi paz vale más que aferrarme a lo que ya no puede ser, agradeciendo lo que fue y continuar adelante con la tranquilidad de haber aprendido a soltar.
INCLUSO UNA PERSONA TAN AFERRADA A LA NOSTALGIA COMO YO, PUEDE LLEGAR A DEJAR IR A LAS PERSONAS
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