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Quien actúa con maldad no es feliz, así le vaya bien. Puede acumular dinero, éxitos y reconocimientos, pero ninguna cosa logrará llenar el vacío que deja una conciencia inquieta. La tranquilidad no nace sobre lo que se tiene, sino de la manera en que se vive y de lo que se siembra en el camino. El daño que causa termina por reflejarse en su propia vida.