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En medio del tiempo que estamos viviendo, elijamos la calma y confiemos en Dios. Aunque la incertidumbre o la preocupación surjan constantemente, confiemos en que no estamos solos y que a menudo hay una razón para mantener la esperanza. Confiemos en Dios, pidámosle que nos guíe e ilumine en cada decisión que tomemos, que nos regale tranquilidad, que podamos entender realmente lo que sucede. Dejemos el miedo atrás y no permitamos que destruya nuestra paz; demos gracias por cada bendición y llenemos de fuerza nuestro corazón.