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El alma que ha soportado muchas tormentas deja de correr detrás de todo y empieza a elegir solo aquello que le da paz. Después de vivir decepciones y momentos difíciles, termina por comprender que no vale la pena desgastarse por situaciones o personas que le roban la tranquilidad. Con el tiempo, la calma empieza a tener más valor que cualquier cosa y prioriza su paz. Quien ha aprendido a sanar, ya no anda en busca de la aprobación ni insiste en lo definitivamente no fluye, se inclina más por los vínculos sinceros y recíprocos, en aquello que le permita sentirse bien al corazón.