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Quien ama y no es correspondido, no pierde porque experimenta lo que es sentir libremente. Amar así es un acto de valentía, una entrega sincera que nace desde lo más profundo y no depende de lo que el otro decida dar. En ese proceso, el corazón aprende, se expande y reconoce de cuánto es capaz de ofrecer sin cálculos ni reservas. Aunque a veces duela no recibir lo mismo, el valor de lo que das no disminuye porque alguien no supo o no pudo corresponderlo.