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A estas alturas enojarse es perder el tiempo y lamentablemente a mi edad el tiempo cuenta. No quiero desgastarme ni perder energía, ya aprendí que no vale la pena regalarle mi tiempo a lo que no suma, porque cada minuto cuenta y prefiero invertirlo en lo que me aporta, en lo que me da claridad y genera bienestar. Con los años entendí que la paz no se negocia y elegirla también es una forma de madurez.