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Posiblemente me quisiera, vaya uno a saberlo, pero lo cierto es que tenía una habilidad espacial para herirme. Tal vez a su manera, con sus límites y contradicciones, quizás me quiso, pero lo cierto es que parecía tener una precisión casi perfecta para hacerme daño, obviamente me expuse por completo y conocía exactamente dónde dolía más. Quisiera pensar que no siempre fue intencional, que en ocasiones fue por descuido, temor o incapacidad de amar de otra forma. Aún así el daño estuvo ahí, silencioso y permanente.