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Me rompiste tantas veces que, era esperable que dejáramos de encajar. Cada una de esas grietas fue separándonos un poco más desdibujando lo que algún día fuimos y revelando que ya no caminábamos en la misma dirección. Sabes que intenté sostener lo insostenible, juntar las piezas, pero cuando el daño se repite, el alma empieza a distanciarse. Me duele aceptarlo, pero comprendo que es mejor no seguir haciéndonos daño, no quiero que me sigas rompiendo y yo luchando eternamente tratando de encajar.