221
A mi nadie me miente, porque yo a nadie le creo. No es orgullo, es mi manera de protegerme, porque cuando has visto de cerca la decepción aprendes a no esperar demasiado, a leer entre líneas y a confiar más en los hechos que en las promesas. Ya no se trata de desconfianza hacia el mundo, sino de no volver a caer en falsas promesas. Que haya dejado de creer no es por rencor, sino porque me cansé de haber creído en todo y en todos; no es que mi corazón se haya vuelto de piedra es que aprendió a cuidarse a su manera de tanta falsedad.