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No dejes de agradecer por las noches tranquilas y las mañanas bendecidas. Cada día que termina es una oportunidad de reconocer lo vivido, de soltar lo que le genere peso en tu ente para que te permita agradecer por ese techo que te cobija, la calma que te envuelve en medio del silencio y la esperanza que renace con cada amanecer. Cierra los ojos, con el corazón y la mente en paz, descansa y que el sueño te abrece, recargándote para la maravillosa jornada que desde ya te está esperando.