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Un día contarás a la gente como saliste de aquel océano cuando ni siquiera sabias nadar. Recordarás las noches en que las olas de la dificultad se veían más grandes que tus fuerzas y aún así encontraste la manera de mantenerte a flote. Hablarás con valentía y comprenderás que cada lágrima, cada tropiezo y cada duda fueron parte de ese aprendizaje que te convirtió en alguien más fuerte y capaz. ¡No te rindas jamás! Sigue luchando y vence, demuestra que, en medio del caos, el alma siempre lucha por encontrar una orilla.