297
Dejaste de rogar, de confiar y de insistir. No te asustes, te estás queriendo, estás reconociendo tu valor y empezaste a poner límites sanos. Estás aprendiendo que no necesitas mendigar atención ni forzar vínculos que ya no fluyen, ya sabes que no necesitas aprobación para hacer y ser. En ese proceso te has reencontrado contigo, con tu tranquilidad, con tu fuerza y con la certeza de que primero debes quererte a ti.