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Cuéntale tus planes a Dios y no a la gente, verás como todo sale bien. Háblale desde lo más profundo de tu corazón con humildad y confianza, porque nadie conoce tus anhelos más profundos y es muy seguro que Él te guie, fortalezca y acompañe en ese camino que decides tomar. Mientras que si le cuentas a las personas te expones a críticas, dudas e incluso a malas energías que pueden sembrarte inseguridad. Confía en el tiempo de Dios, en su sabiduría y sigue trabajando con amor, permite que Dios sea tu socio en cada paso. Lo que es para ti llegará en el momento adecuado.