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Sé honesto, no brutal. La franqueza no debe ser excusa para ser hiriente, considera los sentimientos y perspectivas de los demás, no todos piensan, sienten y actúan como tú lo haces, así que ten paciencia y respeto en la medida que hablas desde la honestidad. Usa un tono amable y elige tus palabras con cuidado, de manera clara procurando no hacer daño sino fomentando así el entendimiento y el crecimiento.