3
Todas mis pertenencias están en mi interior. Fuera de mí nada ni nadie me pertenece. Mis aprendizajes, mis valores, la fortaleza que nació de mis caídas y la fe que me impulsan están dentro. Nada externo define quién soy ni determina mi valor; las personas son compañía, no posesión y lo material tiende a ser pasajero. Lo único verdaderamente mío es mi carácter, mi conciencia y la manera en la que día a día elijo vivir, esa es la riqueza que permanece y que nadie puede arrebatarme.