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Si todo te da igual, estás haciendo mal las cuentas. Si todo pesa lo mismo, es decir, nada… entonces algo esencial está quedando fuera de la ecuación. Revisa tus prioridades, tal vez te has convencido de que sentir menos es protegerte más o que restarle importancia a todo te hará invulnerable y no es así. Cuando eliges qué merece tu energía y que no, ajustas las cuentas con claridad.