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Quien tiene la gracia de Dios, hasta cuando le va mal es por su bien. Lo que parece un mal momento, una puerta cerrada o un camino incierto, muchas veces es una forma de protección o un redireccionamiento hacia algo mejor. No todo dolor es pérdida, ni todo que no se alcanza es un fracaso; vivir bajo la gracia de Dios no elimina los tropiezos, pero les da sentido, porque con el tiempo cada experiencia termina aportando una enseñanza en pro de nuestro crecimiento, mostrando así que nada sucedió en vano.