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Nunca un perro le ha dicho “te quiero” a nadie y nunca nadie a dudado de su amor. Lo demuestra en la forma en que espera, en cómo acompaña en silencio, en la lealtad que no exige explicaciones ni condiciones. Su amor se expresa en la presencia constante, en la alegría sincera, en el consuelo que ofrece sin cuestionamientos. Es un amor profundo, puro, fiel y real, que no necesita promesas porque se sostiene con hechos, recordándonos que las emociones más auténticas no siempre se dicen, simplemente se viven.