Nadie que haya querido hacerme sentir mal tiene una vida que yo admire. Con el tiempo entendí que muchas palabras hirientes no nacen de la grandeza, sino de la carencia; no provienen de alguien en paz, sino de quien batalla con sus propias sombras. Quien intenta disminuir a otro suele hacerlo desde la inseguridad, desde comparaciones constantes o desde frustraciones no resueltas. Quien necesita dañar para afirmarse demuestra que todavía no ha aprendido a construir sin destruir. Es por eso que no cargo con ofensas ajenas, prefiero observar con perspectiva, porque mi energía está enfocada en crecer y convertirme en alguien cuya vida esté guiada por valores sólidos, no por la necesidad de apagar la luz de otros.
NADIE QUE HAYA QUERIDO HACERME SENTIR MAL TIENE UNA VIDA QUE YO ADMIRE
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