9
Nací para ser una persona romántica, pero la vida me forzó a ser experta en desapego. Siempre vi el amor como un lugar donde quedarse y donde construir, pero la vida, con sus giros inesperados, me enseñó a soltar cuando fue necesario, a entender que no todo está destinado a quedarse y entonces aprendí a despedirme sin dejar de querer, a proteger mi paz sin endurecer el corazón. Hoy sigo siendo una persona romántica, pero también sé cuando debo irme, a elegir con más claridad y sostenerme incluso cuándo algo termina.