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Me convertía en la persona más mala del mundo cuando te devolví tu falta de respeto. Durante mucho tiempo guardé silencio e intenté mantener la calma, pensando que lo mejor era evitar conflictos. Sin embargo, llegó un punto en que, por callarme, estaba permitiendo cosas que no merecía. Entonces, cuando finalmente decidí responder y poner límites, dejé de ser la persona que todo lo toleraba y pasé a ser la persona más ruin que podía existir, pero en realidad estaba defendiendo al fin mi dignidad y rescatando mi paz mental.