Los fuertes se recargan solos, no porque no necesiten a nadie, sino porque han aprendido a sostenerse cuando todo se cae a pedazos. Han entendido que no siempre habrá palabras de aliento ni manos dispuestas a levantarles y, aún así han encontrado dentro de sí un espacio donde pueden descansar, recomponerse y continuar. Esa fortaleza no nace de la ausencia de cansancio, sino de la capacidad de hacer pausas conscientes, donde pueden darse el tiempo necesario para sanar sin hacer ruido, recogiendo sus propias piezas con paciencia y dignidad. Levantándose nuevamente con una fuerza que no siempre se ve, pero que sostiene todo lo que son.
LOS FUERTES SE RECARGAN SOLOS
11