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Haz la dieta de la alegría, una sonrisa cada mañana y agradecimiento a Dios al final del día. Esa pequeña disciplina transformará tu ánimo y cambiará la forma en la que enfrentas lo que viene; aunque la vida no sea perfecta siempre debes comenzar con una gran sonrisa y terminar dando gracias. Esas practicas diarias fortalecen el corazón, ordena los pensamientos y te recuerda que la verdadera nutrición no siempre entra por la boca, sino por la conciencia.