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Fui el salvavidas de muchas personas que después terminaron ahogándome. Estuve ahí cuando nadie más lo estaba, sostuve, apoyé y di más de lo que tenía sin medir las consecuencias y sin pedir nada a cambio. Sin embargo, con el tiempo, esas mismas personas terminaron cargándome con pesos que no me correspondían y olvidando que yo también necesitaba aire, cuidado y apoyo. Me quedó una lección profunda y es que ayudar no debería significar perderse a uno mismo, lo mejor es aprender a poner límites y no creer que puedes ser el salvador de situaciones que no te pertenecen.