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Es tu disciplina la que sostiene lo que la motivación no siempre puede, porque aunque la motivación encienda la chispa inicial y te haga sentir invencible por momentos, es la constancia la que te mantiene en movimiento cuando el entusiasmo disminuye y el cansancio aparece. Ambas se necesitan y se complementa, una impulsa, la otra estructura; una emociona, la otra ejecuta. Así es como continúas incluso cuando no sientes inspiración, porque te fortalece el compromiso que adquiriste contigo, entonces tu avance no depende del ánimo sino de tu determinación.