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Teniendo tus propias batallas, hiciste espacio para acompañarme en las mías. ¡Gracias, mil gracias! Me escuchaste, me brindaste palabras de aliento y me hiciste sentir que no tenía que enfrentar las dificultades a solas. Valoro inmensamente tu tiempo, tu paciencia y compañía, especialmente en los momentos en que más necesitaba sentir que alguien comprendía lo que estaba viviendo. Deseo con el alma que la vida te devuelva multiplicado todo lo que de corazón me brindaste; cuenta conmigo siempre, espero poder sostenerte si lo llegaras a necesitar; aquí estaré.