Tú también mereces lo bonito que haces por los demás. Mereces recibir ese cariño que ofreces, encontrar a quien tenga contigo los mismos gestos que tú tienes con el mundo y sentir que también hay un lugar donde puedes descansar sin necesidad de ser quien lo resuelva todo. No debes estar disponible 24/7 ni tener las palabras precisas o hacer esfuerzos extras para que todo marche bien. Tu valor no depende de cuánto puedes dar. No te acostumbres tanto a cuidar de todos que olvides lo que es sentir que también te cuidan. Tú también mereces encontrar unas manos dispuestas a sostenerte y corazones que te hagan sentir que, por una vez, no tienes que hacerlo todo por tu cuenta.
TÚ TAMBIÉN MERCES LO BONITO QUE HACES POR LOS DEMÁS
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