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¡Gracias! Querido Dios, una vez más cuidaste de mí durante todo el día, me acompañaste en cada uno de mis pasos, me protegiste y me diste fuerzas para continuar. Gracias por cada bendición recibida, por esas bonitas personas que pusiste a mi alrededor y también por esas situaciones un tanto complicadas que me dejaron enseñanzas. Ahora que ya llegó la hora de dormir, dejo en tus manos todo aquello que no puedo controlar y también mi descanso; confío en que mañana será una nueva oportunidad para seguir avanzando bajo tu cuidado y voluntad.