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Gracias a Dios, las cosas no salieron como yo quería. En aquel momento quizá no comprendía la razón, no quería aceptar el cambio y me frustraba haber perdido algo valioso, pero el tiempo me llevó a descubrir una verdad distinta: no todo aquello por lo que se insiste está destinado a quedarse en la vida. Hoy doy gracias por esas puertas que se cerraron, las respuestas que no llegaron y las situaciones que tomaron otro rumbo. Dios estaba protegiéndome de algo, apartándome de lo que no me haría bien y preparando una mejor oportunidad para mí.