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Que tu vida sea como un ramo de flores amarillas: lleno de luz, alegría y mil motivos para sonreír. Que nunca te falten las personas encantadoras con quienes compartas tus alegrías y vengan en tu ayuda cuando así lo necesites. Que cada flor represente una ilusión, una oportunidad, un anhelo por cumplir o una razón para seguir creyendo que todo lo bueno puede llegar. Y si tus días se ponen grises, recuerda que incluso después de la lluvia vuelven a florecer los jardines.