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No tienes temor de un nuevo amor. Le temes al dolor del pasado. No es que hayas dejado de creer en el amor, simplemente aprendiste a protegerte después de una experiencia por la que no pensabas pasar; confiaste, diste lo mejor de ti, pero terminaste desconfiando y viviendo algo que evitabas. Pero las historias no se repiten, aprendiste demasiado; además, no todas las personas llegan para herirte, ni todos los comienzos conducen al mismo final. Permítete sanar, toma las lecciones que te quedaron y no le exijas al presente que pague las heridas que dejó el pasado.