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Le confío al destino mis ganas de volverte a ver. Hay deseos que no necesitan perseguirse; solo se debe esperar el momento indicado para que se transformen en realidad. No sé cuándo se volverán a cruzar nuestros caminos, ni en qué lugar, pero me gusta pensar que en el momento que te vuelva a ver se pueda dibujar esa sonrisa que me alegraba el día. Hasta entonces, conservo el cariño, los recuerdos y la ilusión de que nos volvamos a cruzar en algún lugar del mundo y nos encontremos siendo mejores, con el corazón más tranquilo, con la certeza de que nuestro amor fue real.