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En lo mutuo no hay dudas. Cuando el cariño, el respeto, el interés y el esfuerzo nacen de ambas partes, todo fluye, porque no hace falta insistir, interpretar silencios, porque las acciones hablan por sí solas con calidad y el compromiso surge de manera natural. Las relaciones sanas son aquellas donde el dar y el recibir encuentran un equilibrio. Nadie debería cargar en soledad el peso de sostener el vínculo; cuando existe la reciprocidad y la certeza de que ambos van en la misma dirección, se pierden las dudas y el corazón encuentra el lugar donde puede descansar.